Cuando Dios creó al hombre, lo hizo para habitarlo y para reflejar Su gloria. Desde el Antiguo Testamento vemos cómo el Padre enviaba a Su ángel y al Espíritu Santo para posarse sobre algunas personas, mostrando que había un plan y un deseo divino: volver a reunir todo bajo Su amor.
En el cumplimiento del tiempo vino Jesús, Dios hecho hombre, para encarnarse y presentar en Él una nueva humanidad que dependía totalmente del Padre.
Hoy también somos llamados a ser una habitación para contener toda Su gloria y permitir que, a través de nosotros, Él pueda expresarse. Ya no estás solo ni sola. Él habita en ti. Te animo a descubrirlo en la intimidad de la lectura de este libro