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AutorBernardo Stamateasdesde US$ 8.00
Antes de aceptar a Cristo, nuestro espíritu estaba muerto. Pero esto no fue para siempre porque, cuando aceptamos a Cristo, la vida divina se metió en nuestro espíritu y recibimos Sus riquezas, Su naturaleza, Su persona. De esta manera, nuestro espíritu fue vivificado. Ahora, desde nuestro espíritu vivificado, Él quiere poner Su vida también en nuestra alma y en nuestro cuerpo. El Señor quiere depositar Su vida en cada rincón, en cada emoción, en cada pensamiento, en cada acción y en cada centímetro de tu cuerpo. “Voy a hacer de toda tu vida un lugar lleno de vida divina”, declara el Señor.